Me he pasado 4 días en el campo, casi sin tener contacto con la civilización en ese tiempo, localizando zonas de descanso de
Nyctalus lasiopterus, el murciélago más grande de Europa.
El escenario ha sido el Parque Natural de Los Alcornocales de Cádiz allí se asientan algunas hembras que por estas fechas están dedicadas a la cría de sus retoños, los machos se encuentran en zonas más al norte y en parajes con mayor rango altitudinal. Ya se encontrarán de nuevo en otoño...
Esta especie de murciélago puede tener una envergadura de hasta medio metro y entre su dieta se ha constatado la captura de aves de hasta el tamaño de un ruiseñor,
aquí podéis leer el artículo donde fue publicado este asombroso descubrimiento. Son mamíferos forestales a los que les gustan los bosques maduros bien conservados. En una noche son capaces de desplazarse varias decenas de kilómetros hasta llegar a sus cazaderos preferidos. Emite sonidos de frecuencias oíbles por el ser humano, así que si estamos calladitos debajo de uno de sus refugios podremos oírles parlotear.
- Tú para dónde vas a tirar esta noche?
- No lo sé, ayer no tuve mucha suerte en la captura de polillas por la zona en la que volé...
- Pues yo conozco un lugar en el que están volando toda la noche unas enormes polillas, además hay cerca un buen lugar donde saciar la sed con un agua muy fresca. Vente conmigo.
Diálogo típico de murciélagos...
No se sabe mucho a cerca de los murciélagos, no son de llamativos colores, no vuelan por el día, no emiten bellos sonidos,.... ni siquiera el título de mayor mamífero volador de Europa ha sido capaz de suscitar la curiosidad de los grandes naturalistas de renombre. De hace unos años para acá si se están comenzando a estudiar un poco más, pero aún queda mucho por vislumbrar, sus vidas siguen siendo tan oscuras como las noches en las que vuelan.
Ha sido una fenomenal experiencia la que me han brindado los investigadores de esta especie para poder aprender
in situ un poco de los hábitos del orden Chiroptera, recorriendo bonitos e interminables bosques de alcornoques y quejigos, quedarse dormido contemplando el universo bajo un cielo tan estrellado que parecía dar luz, donde se podían ver las hojas mecerse con el viento al contraluz de las estrellas -también influía la luna llena, claro, jejeje- y escucharse los sonidos de la noche -cuando a las chicharras ya se les han acabado las pilas porque hubo momentos por las tardes en los que esos insectos no me dejaban oír ni mis propios pensamientos de tan frenéticamente como frotaban sus alas.
Voces de cárabos en la noche, murmullo de los arroyos, observaciones de ciervas y gamos con sus crías, de machos de estas dos especies con fenomenales cornamentas, plantas que se alimentan de insectos, murciélagos que comen aves, quejigos centenarios propios de cuentos de hadas, atardeceres espectaculares, ....
Aqui uno de esos ocasos (y
aqui en formato vertical), lo demás lo dejo para vuestra imaginación, incluídos esos monstruos alados sin plumas cazadores de aves que yo sólo pude ver salir de sus refugios tras la puesta de sol.