ADVERTENCIA: Para poder apreciar correctamente la calidad de las imágenes y los textos, se ha de poseer de manera innata una pizca de sensibilidad hacia la naturaleza. De otra forma el visionado de imagenes y la lectura podría resultar dañina para la vista, llegando incluso a producir efectos negativos irreversibles en el nervio óptico (se conocen casos de gente que no estaba preparada).


Sé valiente e inténtalo.


Cuando nos veamos, te miraré a los ojos y sabré así si tu vista ha sido capaz de aguantar tanta belleza.

Adelante, pónte cómodo y pasea por mi blog.

Espero que sepas disfrutarlo.
Si pinchas sobre la foto accederás a un nuevo mundo.
Algunas tienen sorpresa, otras no. Cada día serán más las pertenecientes a este mundo paralelo.

Esquina noreste de la costa cantábrica española

En mi último vuelo sobre la península Ibérica pude traerme algunas fotografías de la costa vasca. Entre ellas me gustan estas dos que os muestro.

San Sebastián con La Concha bañada por el mar
San Sebastián con La Concha bañada por el mar



Zarautz asomado al Cantábrico
Zarautz asomado al Cantábrico

Como si de la que podría ser la segunda etapa del camino norte del Camino de Santiago se tratara, estas dos fotografías muestran el inicio y final de dicha etapa, un largo recorrido de iniciación en el que suelen vivirse sensaciones nuevas y hacen que ya no vuelvas a ser el mismo después de haber llegado a Santiago o mejor aún a Finisterre. Será por eso que yo no lo he recorrido, porque estoy contento de ser como soy, ;-).

No siempre se pueden sacar fotografías desde la pequeña ventanilla del avión que merezcan la pena guardar. Algunas veces los plásticos que hacen las veces de cristales están rayados, o se cubren de cristales de hielo debido a la humedad y el frío exterior, o la luz no es la que se esperaba, o unas monótonas nubes cubren todo el trayecto. Aún así, yo con todos esos inconvenientes no dejo de mirar por ese pequeño agujero que me separa de la naturaleza a vista de pájaro y algunas veces me sorprende con bonitas vistas, incluso en plena noche cuando las ciudades resplandecen ocultándonos desde tierra firme un firmamento salpicado de estrellas.



Tapiando puertas y ventanas

La primavera poco a poco va asentándose por estas latitudes. Ya van floreciendo las plantas motivadas por el rápido aumento de las horas de luz, algunos insectos ya van saliendo de su letargo invernal e incluso algunas aves se atreven con cantos incluso a horas intempestivas, como hacen algunos mirlos por la noche.
 Ayer observé una especie de abeja negra de la que no tengo ni idea el nombre soleándose sobre una piedra y me acordé de una fotogafía que tenía guardada de hace un par de otoños donde se ve a una Vespa crabro que se había adueñado de una gran caja nido de las que se ponen para que críen anátidas. Parecía que se le había quedado pequeña la vivienda.

Tapiando la puerta



Yo también perdí una hora de mi vida viendo el documental de ficción Operación Palace de Jordi Évole

En realidad algo menos de una hora porque ya habia empezado cuando me conecté a internet para verlo.

Señores, con esto ya creo que deberíamos haber tocado fondo. Nos tratan como borregos, hacen lo que quieren de nosotros y cuando digo nosotros es con toda la sociedad, sin contar claro está a los que realmente cortan la tarta (que no llegamos seguramente ni a imaginarnos en manos de quién estamos).

Como todo, esto también tiene su lado bueno, y es que nos sirve para darnos cuenta de lo vulnerables y maleables que somos.

Évole, me has hecho sentir débil como un pajarillo.


Débil como un pajarillo








Entre luces

Comenzando el año pasé unos días en el sur de España y pude dar un paseo en busca de flores.
En algunas cunetas ya florecián algunas plantas e incluso revoloteaban algunas mariposas y otros insectos, dípteros la mayoría de ellos.
Entre los naranjos que todavía no se habían acabado de despojar de su jugosa carga, se colaba la luz del sol creando curiosas escenas.

Os dejo con un par de ellas, en las que los Oxalis pers-caprae son los protagonistas.


Amarillo y verde



Luz natural entre naranjos



Sentido arácnido

A finales de verano el campo se llena de estas pegajosas estructuras de finos hilos naturales. En una entrada anterior ya os hablé un poco de las telarañas, podéis recordarlo aqui. Por lo que ahora sólo nos queda disfrutar de estas imágenes bañadas por el sol de septiembre.

Viejo cazadero


La mayoría de ellas ya no estaban en uso. Sus dueñas de 8 patas las habían abandonado por unos u otros motivos. En general los insectos comenzaban a escasear por aquellas fechas.

Sentido arácnido



Pero no todos habían desaparecido. Una solitaria araña colgaba de su cazadero de manera titubeante, indecisa, quizás viendo venir su terrible fin.
La luz acabó desapareciendo por el horizonte y el frío fue incrementándose. Sería una noche dura para esa araña que posiblemente no llegase a ver amanecer al día siguiente.




Desde el aire se ve de otra manera


Krater


A mi este paisaje me parece un antiguo cráter formado por el impacto de un gran meteorito.
La imagen es de una zona a unos 20km al sureste de la ciudad de Pamplona, en Navarra.

Algún geólogo puede dar más luz (o quitarla) a esta hipótesis?

A mesa puesta

A estas alturas de invierno un poquito de ayuda viene fenomenal.

Comedero3



Comedero2



Comedero5



Comedero4



Comedero7



Comedero1


Molinero moliendo



picapinos3


Es muy gratificante y entretenido construir un comedero de aves.
Y después observar a sus visitantes es mucho mejor.


Haveldas haylas...

Un buen lugar de invernada de haveldas suele ser la costa sueca y por la zona de Estocolmo este lugar tradicional es Nynäshamn, un poco al sur de la ciudad. Allí se pueden ver bandos más o menos grandes de estas bonitas aves nadando en el mar, muchas veces muy cerca de tierra recorriendo la costa .

Havelda3

A este bonito macho le pillé a principios de otoño al sur de Nynäshamn. Una solitaria costa rocosa batida por pequeñas olas servía de baño a esta acuática. Pinos silvestres se querían asomar al reflejo marino, pero siempre manteniendo las distancias, con cuidado de no mojarse nunca.

Havelda1

El ave nadaba pacientemente arriba y abajo mecido por el baile del agua.

Havelda2

Lentamente fue adentrándose en el mar hasta desaparecer en la lejanía, nadando viento a popa.
Algunas veces la zona es también frecuentada por grandes bandos de serretas chicas, pero en esta ocasión no se dignaron a aparecer.

Tres fotos con tres procesados diferentes. Espero que os gusten todas.




Cada ave tiene su Tempo

Amaneció un día nublado, aún así quise dar una vueltilla cerca de casa. Al pasar por una pequeña zona de herbáceas ya muy deteriodadas por el frío y las escasas horas de luz, tres aves llamaron mi atención al levantar el vuelo a mi paso. Se posaron en las ramas de un árbol, no muy altos y por poco tiempo para volver a bajar a la zona en la que se encontraban. Me encaré los prismáticos y pude distinguir fácilmente a qué especie pertenecían. Eran tres bonitos ejemplares de pardillo sizerín. Enseguida cogí la cámara de fotos con la intención de llevarme alguna imagen para el recuerdo. Los primeros intentos fotográficos eran distantes, a unos 12 o 15 metros. Caminaba muy lentamente entre la vegetación intentando no asustarlos, pero parecían un poco alertados por mi presencia. Se posaron en una valla y al poco levantaron el vuelo y aterrizaron en las ramas de un árbol, lo suficientemente lejos como para no poder hacerles ni una mísera fotografía, pero volvieron a bajar y esta vez se dejaron acercar un poco más. Los tenía ahora a una buena distancia para hacer la fotografía y al lado del camino en el que mencontraba, pero todavía los rayos del sol no asomaban por ningún lado y la luz seguía siendo muy escasa, ellos se movían sin cesar buscando semillas entre esa maraña de plantas y así era muy difícil sacarlos favorecidos. Había que subir el ISO a la cámara si quería tener algo decente de recuerdo, con lo mal que se comporta mi vieja cámara si le tocas el ISO 100..., pero había que probar. En ese momento un ciclista pasó  por mi lado y las aves volvieron a levantar el vuelo y a posarse en las ramas de los árboles circundantes. Me quedé quieto pensando si debía abortar el intento o si por el contrario las aves me darían otra oportunidad. Y en mis embelesaciones me encontraba, cuando -sorpresa- bajaron de las ramas y se posaron  a un par de metros de mi posición. Esta vez sí sería la última que compartiría su herbazal con ellos. Les pude hacer algunas fotografías que me agradaron y les dejé allí continuando con su alimentación.

Flameante



En unos árboles cercanos aparecieron unos 20 mitos de la subespecie caudatus del norte de Europa, con la cabeza totalmente blanca, una delicia de pájaro. pero estaban de paso y no me dieron ni una oportunidad, sólo pude observarlos unos instantes de rama en rama.

Continué trayecto a medida que la luz iba incrementándose, poco, pero se notaba. Me dirigí a mis comederos favoritos para pequeñas aves que hay instalados por parte de una asociación ornitológica local en una de las abundantes reservas naturales que tenemos por aquí. Allí no faltaron herrerillos y carboneros comunes, gorriones molineros, trepadores azules, picos picapinos, mirlos comunes, escribanos cerillos, algún verderón común, un solitario petirrojo y aparecían y desaparecían pequeños bandos de pardillo sizerín. Por segunda vez me volví a encontrar a estos bonitos pardillos de frente roja y pico amarillo. Esto sucedía mientras tres ardillas daban cuenta de las semillas caídas al suelo por el resto de las aves y un pequeño bando de cisnes cantores pasaban en formación con sus característicos trommpeteos. Pasé un buen rato viendo las idas y venidas de las aves en busca de energía en forma de semillas de girasol, de cacahuetes, de bolas de sebo con alpiste y hasta de tiras de tocino de buen tamaño a las que los pícidos parecían gustar especialmente. La humedad era elevada y estar parado mucho tiempo en un lugar se hace algo incómodo, así que, era tiempo de cambiar de lugar.

Humedad hasta en los huesos

Aliso


Escribano cerillo


En mi camino de regreso a casa todavía me aguarda otra sorpresa. En un cruce de caminos por el que había pasado antes sin pena ni gloria, ahora picoteaban en el suelo un centenar de pardillos sizerines. Había machos adultos con el pecho totalmente rojo.

Pardillo sizerín


Se les veía muy nerviosos y no paraban de levantar el vuelo al unísono para volverse a posar aquí y allá, pero nunca lejos.

Fue la despedida a ese bonito paseo que comenzó con una observación que creía que iba a  ser excepcional, pero que acabó siendo la tónica general del día. Esto sucedió cuando empezó a cubrirse de nieve la parte norte de Suecia y poco antes de que arrasara el sur y centro la tormenta que por aquí llamaron Sven.


Damos un paseo en bici?

Los días se acortan y el tiempo ha sido lluvioso estas últimas jornadas, pero hoy ha amanecido claro y despejado y con buena temperatura para las alturas del año que estamos, por lo que he aprovechado para dar un buen paseo en bicicleta. De sol a sol, es decir de 8 a 15 horas, que aquí -en el norte- oscurece pronto.

Pedaleé por los caminos del lago Säbysjön rodeándolo en todo su perímetro y haciendo algunas paradas.
Con las primeras luces el paisaje iba cambiando, los colores se acentuaban al sol después de haber pasado unos cuantos días inmersos entre nubes bajas y húmedas. Unos cisnes vulgares nadaban plácidamente, sin que nadie les perturbara, en una de las orillas. El bosque cerrado del fondo les observaba sumido en el silencio. Apenas se movía el aire. Alguien encendió una hoguera un poco más allá. El olor del humo llegó hasta mi y quise acercarme. En un refugio del bosque humeaba más que ardía, la leña aún húmeda de abedul. Una voz se dirigió a mi y con tono firme me dijo en sueco: "El café está listo" yo le di las gracias y decliné. Cerca, una mujer se había acomodado en un viejo banco de madera, había sacado de su mochila un termo y algo de comer y se dispuso a desayunar contemplando el azul del lago. Observando el lago a contraluz, se podía ver como si nevara, pero sólo había que fijarse un poco para ver de dónde procedían esos misteriosos copos fictíceos. Eran las pelusas de las espadañas que rodean parte del lago que se dejaban mecer por la brisa unas hacia arriba, elevadas por alguna pequeña corriente térmica recién formada y otras en movimiento lateral empujadas unas contra otras hacia el centro del lago.

Cisnes por la mañana

Huele a humo

El desayuno

Nieve a 8ºC



Continué con pausadas pedaladas haciendo un nuevo parón, esta vez en un rincón que me gusta especialmente. Una zona llena de comederos para pequeñas y medianas aves. Días atrás todavía no estaban en funcionamiento desde que en el invierno pasado se acabasen las reservas de frutos, semillas y sebo de sus tolvas, pero cual fue mi sorpresa al comprobar que hoy ya estaban a pleno rendimiento y los pajarillos dando cuenta de ello. Llamó pronto mi atención una ardilla que se alimentaba en el suelo de los restos caídos por las aves, intenté acercarme sin perturbarla, pero en cuanto hice intención de ello, subió por el tronco del árbol más cercano para colocarse en una de sus ramas emitiendo unos sonidos seguramente de alarma. Un poco más allá descubro otra ardilla que hace lo propio en otro de los comederos, pero alertada por la primera, sube también a lo alto de un árbol. Ésta última decide marcharse un poco más lejos cambiando de copa con un salto en las alturas al que no parece darle mayor importancia.. El espectáculo a mi rededor es bellísimo. Varias decenas de paseriformes me rodean comiendo de aquí y de allá, semillas de girasol, cacahuetes, picoteando gruesas lonchas de tocino,... los más numerosos son los carboneros comunes que acompañados de numerosos herrerillos comunes no dejan de recoger pipas para llevárselas cada uno a su rama preferida donde las abren a picotazos hábilmente, pera volver a recoger otra con la mayor celeridad posible. También pasaron por allí un pico picapinos al que le gustaba la proteína animal, varios mirlos comunes, algunos gorriones molineros y un par de escribanos cerillos. Otras veces la variedad de aves que he observado en esta despensa artificial ha sido mayor, cuando bajen las temperaturas y sobre todo cuando todo se cubra de nieve acudirán muchos más comensales. 

Ardilla escandinava


La luz estaba claramente bajando y comenzaba a lanzar haces horizontales. Como he dicho al principio por estas latitudes y en estas fechas el día dura poco. Era hora de ponerse en camino hacia casa.

Por uno de los prados que atravieso, pastan unos curiosos bóvidos. No son como los que estaba acostumbrado a ver en Castilla, blancos y negros, con grandes ubres, no. Estos me recuerdan un poco a animales de razas extintas pintadas en alguna cueva cuando el hombre prehistórico recreaba sus lances de caza en busca del éxito. Son vacas de pelo largo y largos cuernos, no muy altas y bonachonas. Mujían quizás llamándose entre ellas para recogerse.

Toro


Poco más que contaros de este día. Al final llegando a casa pasé por una zona de bosque de coníferas donde sólo se oía el roce de mis ruedas en el camino. Era casi de noche.