
Llegué un poco tarde ese año, el otoño ya estaba bastante avanzado y muchos árboles ya habían cambiando sus vistosas hojas multicolores por el gris de sus ramas. Hace ya 5 años de estas fotos.

Sucedió en las montañas del norte. En esos valles habitados por hayas, robles, mostajos, serbales, espinos que se visten de colores durante unos pocos días al año.

Este día repetía una ruta que había hecho justo un año antes por esas mismas fechas.
El año anterior el bosque estaba más colorido, como podéis ver en la fotografía de mi amigo David, yo por aquellas fechas hacía fotos con carrete de diapositivas y las tengo sin digitalizar, así que muy amablemente David me ha cedido un par de fotos para ayudar a ilustrar esta entrada.
Recuerdo que fue un día en el que nos llovió, granizó, nevó e incluso nos rozó algún rayo de Sol, fue un día muy completo.
Subimos por el camino de un vallecito hasta lo alto de un collado, donde dominábamos un valle contiguo cuando las nubes nos dejaban la visibilidad suficiente. Era como un valle mágico escondido entre nubes cargadas de lluvia y arrastradas por el viento de la montaña.
A la vuelta, nos encontramos con el rastro de un oso que había cruzado el mismo camino que unas horas antes habíamos transitado, es posible que estuviese buscando alimento, hayucos o frutos de los abundantes y frondoso arbustos que había en esa zona.

Observamos que las huellas estaban muy frecas, a pesar de que en esos momentos llovía bastante, y un gran sentimiento de alegría, mezclado con algo de nerviosismo se apoderó de nosotros. Pensábamos lo cerca que podíamos estar del oso, podía estar tumbado entre los arbustos a pocos metros de nosotros y haber pasado desapercibido. Hicimos algunas fotos de las huellas y continuamos el paseo bajo el agua. No fue la primera vez que había visto rastros de oso por las montañas del norte de España, pero sí eran los más recientes y pensar sobre la proximidad que podía tener al plantígrado, era como recibir pequeñas inyecciones de adrenalina, son los síntomas típicos que hubiera sufrido todo amante de la naturaleza en esta o similares situaciones, jejeje.
El año que repetí la ruta no volví a ver rastros de oso, ni me nevó, ni llovió. Hizo un espléndido día soleado de otoño, que también supe disfrutar...












