
En el tramo medio del río Duero nos podemos encontrar con el cañón fluvial más largo de Europa. Con una longitud de unos 120km. este río ha excavado durande miles de años la roca granítica del lugar dando forma a estos espectaculares paisajes de altas paredes.

Está situado en la parte oeste de las provincias de Salamanca y Zamora actualmente haciendo frontera con el vecino país portugués.

A un lado España, al otro Portugal.

Actualmente el cañón está calificado como Parque Natural, la margen española se conoce como Parque Natural de los Arribes del Duero, mientras que la portuguesa se hace llamar Parque Natural do Douro Internacional. A parte de su impresionante y singular paisaje el entorno da cobijo a un buen número de especies de seres vivos, entre los que destacan las aves que encuentran refugio y tranquilidad en los altos paredones, águilas reales, águlias perdiceras, buitres leonados, alimoches, búhos reales, cigüeñas negras, vencejos reales, golondrinas dáuricas, collalbas negras, roqueros solitarios, etc.

La mejor época para visitarlo es an primavera y en otoño cuando las temperaturas son más benignas y los colores más intensos. Hay una empresa zamorana (Zamoranatural) que ganó este año el "Premio al mejor producto de turismo activo" por su producto "La senda del Duero" con el que mediante variadas actividades recorren buena parte de la longitud total del río. Se puede disfrutar practivando senderismo por sus márgenes abruptos contemplando el río desde las alturas o practicando piragüismo para sorpendernos con la majestuosidad de los altos cortados rocosos.

Fueron tierras habitadas desde el Paleolítico, actualmente estas tierras son consideradas como el conjunto paleolítico al aire libre más importante de Europa. Numerosos pueblos con diferentes culturas han pasado por aqui desde esos tiempos prehistóricos. Podemos observar dolmenes, verracos, estelas, calzadas, puentes, castillos, murallas, iglesias y ermitas (como esta ermita del Castillo de Fariza que ya os puse en su día).

Un lugar con mucha historia antigua y reciente. Historias más o menos recientes todavía tenemos la ocasión de que los más mayores del lugar nos cuentes. Historias de su juventud, de cómo en época de penurias se tenían que buscar el sustento para ellos y los suyos, muchas veces haciendo intercambios de tabaco, café, lana, tocino, jabón, hilos de coser... con los vecinos pueblos de Portugal. Tenían que hacerlo de manera que nadie los viese, pues no estaba permitido, por lo que se jugaban la vida descendiendo por el cañón de noche cargados de las viandas que pudieran acarrear y evitando la vigilancia de carabineros que no dudaban en abrir fuego sobre estos pobres buscavidas para cruzar por pasos estratégicos al otro lado del río con la peligrosidad que ello acarreaba debido a su bravura. También he oído historias de cómo una pareja tuvo que cruzar peligrosamente el río para casarse en secreto en el otro país. El poder del amor...

Numerosos son los escritos que hacen referencia a este bello río. Este poema de Gerardo Diego es un ejemplo de ello:
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.








