Un extracto de un pequeño diálogo de una fábula:
-Mamá, mamaaá... MAMÁ!
Pero su madre no contestaba porque ya no tenía cabeza...
Me estoy dando miedo yo mismo. Ya no escribo más.
Aviso a sensiblones/as que no sé si esta historia tuvo final feliz...
“...y este qué estará haciendo que lleva un rato de aqui para allá asomando por difernetes sitios... ”.
Bueno, pues después de hacerle algunos retratos y con el compromiso de enviarle alguna de las fotos a su nido, dejé a Paco posadito donde lo encontré y subí nuevamente a la plata de arriba a continuar con mis quehaceres.
Al cabo de un buen rato veo a "Gordi" - el gato al que damos alimento y techo en casa a cambio de algo de cariño- llamándome desde el descansillo de las escaleras (los que tenemos gato sabemos cuando éste nos llama y para qué nos llama, son los superpoderes que adquirimos cuando tenemos perfecta simbiosis con el animal). Al mirar, veo que trae en la boca algo y lo deja en uno de los escalones cuando me acerco.
Yacía en el frío mármol sin moverse. Yo que ya le había cogido cariño... ya había imaginado que me visitaba asiduamente y me presentaba a toda su familia...
Lo cogí con la mano y en ese mismo instante me di cuenta de lo frágil y pequeño que era, abultaba menos que una croqueta, eso sí, una croqueta de las grandes, de las que me hacía mi madre,¡madre qué croquetas! pero no estaba muerto, posiblemente de miedo sí, pero no muerto, muerto. Le di calor con mis manos, quizá le transmitiese algo de energía como hacen los maestros de Reiki, lo examiné por si tuviera alguna pata o ala rota, no le vi nada, quizá tuviera alguna costilla rota clavándosele en su cuerpecillo pero eso no llegaba a diagnosticárselo.
Reñí a Gordi, pero sé que le entra por una oreja y le sale por otra, aunque ella lo hace sin maldad -yo lo sé-, sabe que me gustan las aves y no es la primera vez que me trae una para que la vea (hubo una vez que me trajo un periquito al que debió apretar algo más de la cuenta y del que sólo pude ver su cadáver).
Con Paco todavía entre mis manos decidí acercarme a la ventana y abrir las manos a ver si tenía fuerzas para decidirse marchar. Y así lo hizo saltó al vacío y voló. Voló y voló y voló, pero sólo unos metros, los justos para aterrizar fuera de los dominios de mi casa. Aterrizó en el patio del vecino. Ya estaba a salvo de Gordi.
Un momento, he dicho "en el patio del vecino"? Horror!! Acababa de aterrizar en los dominios de Sauron - el enorme gato de angora del vecino-.
Nunca llegé a saber el final de esta historia. No sé si Paco y la familia que le esperaba en casa fueron "felices y comieron perdices". Lo que sí sé es que a veces he vuelto a escuchar el mismo reclamo que me levantó de la silla aquella mañana, pero no sé si era Paco que aprendió a no posarse por la zona y pasar volando de largo, o el espíritu de Paco que vuelve para martirizarme y atormentarme con su recuerdo fantasmal.
Podemos disfrutar de esta canción que grabé a mi vecino, con coreografía incluída, en su recuerdo. O más profesionalmente una canción con algo de pluma.
*cautela no es mi vecina.























